Trilogia sobre el Nazismo

Esta triada de propuestas resultó entre las diez obras ganadoras del Concurso Nacional de Producción Teatral 2006, del Instituto Nacional del Teatro, que forma parte del proyecto El INT PRESENTA, cuyo jurado estuvo integrado por Agustín Alezzo, Villanueva Cose, Renata Schussheim, Daniel Veronese y Laura Yusem.

Las razones para abordar el nazismo desde el teatro

El escritor húngaro Imre Kertész, ganador del Premio Nobel de Literatura 2002, sobreviviente de Auschwitz, en cuya autobiografía se basó el film Sin destino, al referirse a la película norteamericana La lista de Schindler, expresó: “Es el mejor ejemplo de cómo no hay que tratar esta cuestión. Spielberg no tiene ni idea de lo que fue aquello y sólo confunde. Con lágrimas en los ojos se ve muy mal”.

En la obra dramática de Patricia Suárez y Leonel Giacometto, el holocausto y el nazismo son tratados con una perspectiva que mezcla ficción y realidad, risa y espanto, la gran Historia y la intrahistoria, a menudo con protagonismo familiar.

El tema atrae por la constante inclinación del hombre a la xenofobia y al totalitarismo y a esa horrible facilidad que, H. Arendt definió como “la banalidad del mal”, para pensar “al otro” como fuera del orden humano.

Y en particular, a estos dramaturgos rosarinos les interesa la problemática del nazismo en la Argentina básicamente por dos razones: La primera es porque la Argentina fue un país que cobijó prófugos de la justicia, asesinos y criminales de toda laya, cuyas acciones en la guerra fueron aberrantes. Los pasaportes y visados provinieron del Estado. No entraron aquí clandestinamente, ni vivieron escondidos sino guardando las apariencias.

Esta preocupante facilidad para la ilegalidad en la Argentina habla no sólo del prejuicio antisemita que existe entre nosotros, se quiera admitir o no, sino que propició, entre otros actos, el atentado a la Embajada de Israel y la destrucción de la AMIA.

La otra razón es porque el tema del nazismo permite dar un rodeo para hablar sobre la dictadura argentina, asunto completamente irresuelto entre nosotros.

Aunque más o menos de pacotilla, en Alemania hubo lo que se llamó “proceso de desnazificación”, donde las personas inculpadas de hechos aberrantes fueron juzgadas y absueltas o castigadas.

Simón Weisenthal hablaba sobre la absoluta necesidad de la justicia, porque entendía que los procesos históricos producen vértigo y deseo de ser repetidos. Vaya como ejemplo aquello que Hitler decía ante la discusión sobre la ‘Solución Final’: “¿Quién se acuerda ahora del genocidio armenio?”.

Es por estas razones que creo imprescindible poner en escena esta trilogía sobre el nazismo.

Alejandro Ullua

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